44 Festival de Jazz de San Sebastián


La crisis económica también llega a los festivales veraniegos, y en Jazzaldia lo hizo en forma de reducción de días de festival y sin la tradicional Jazz Band Ball que tradicionalmente da el pistoletazo de salida. También hubo ciertas discrepancias en cuanto a la programación, pero no tengo ningún interés en entrar en discusiones estériles: doctores tiene la iglesia (dicen), así que cada uno saque sus conclusiones. Entre unas cosas y otras, también hubo un buen puñado de conciertos de Jazz, así que entremos en faena.

Miércoles 22 de Julio
Sin precalentamiento ni anestesia, comenzó Jazzaldia con uno de los mejores conciertos del festival. El responsable fue Dave Douglas, con su Brass Ecstasy. Inevitable traer al recuerdo al gran Lester Bowie y su Brass Fantasy, pero Douglas es un músico con personalidad propia, y su trabajo al frente de esta formación es una buena muestra de imaginación y musicalidad. Nos recibió con “Great awakening”, y ya se veía que la cosa iba en serio. Básicamente su repertorio estuvo centrado en su disco “Spirit moves”, en el que temas como “Bowie” o “Rava” homenajean ambos músicos, y una excelente versión del “Mister Pitiful” de Otis Redding nos pasa por su particular estilo uno de los clásicos del soul. Si fantástico estuvo Douglas, no le anduvieron a la zaga sus compañeros Vincent Chancey (trompa), Luis Bonilla (trombón), Marcus Rojas (tuba) y Nasheet Waits (batería), que manejaron con maestría las dinámicas de los temas. Para finalizar el concierto, la banda rindió homenaje a Michael Jackson con un “I’ll be there” interpretado a borde de escenario.
La felicidad no nunca es completa, y en esta ocasión nos duró los escasos 200 metros que separan el Vitoria Eugenia del Kursaal. Allí iba a dar un concierto a piano solo Brad Mehldau y allí me dirigí con mis compañeros fotógrafos. Cuando llegamos a la puerta, nos informan de la negativa del pianista a la toma de fotografías, así que media vuelta y a otra cosa. No es la primera ni la segunda vez, así que no vamos a hablar más del tema.
 
Con este cambio de planes, la actividad jazzera se había acabado así que, a reponer fuerzas y esperar al siguiente día. Al menos me fui a dormir con el recuerdo de un excelente concierto.

Jueves 23 de Julio
Trece años han pasado desde que Ry Cooder pusiera en el mundo a la Orquesta Buena Vista Social Club. Su actuación en el Victoria Eugenia nos trajo sus temas más conocidos, y aunque el concierto estuvo animado y aún queda alguno de sus músicos fundadores (Barbarito Torres, Guajiro Mirabal, Manual Galbán y Aguaje Ramos), se echan en falta las ausencias de Compay, Ibrahim Ferrer, Eliades Ochoa y Omara Portuondo.
Me escapé a mitad del concierto de los Buena Vista, para tener la posibilidad de escuchar a los noruegos In The Country que actuaban a la misma hora, y la verdad es que no me aprovechó mucho el viaje. Había leído buenas críticas sobre su trabajo y lo que vi me decepcionó bastante. Bueno, a veces pasan estas cosas.
Volvía este año el programa doble de la Plaza de la Trinidad, y habría fuego la contrabajista y cantante Esperanza Spalding. Fue un concierto básicamente vocal, y aunque canta bien y con gusto, creo que perdemos su faceta de contrabajista que es muy interesante. Además el repertorio me pareció “blando” en líneas generales, y por debajo de sus posibilidades. Como momentos destacados, el blues “Mela” y la versión del “Endangered species” de Shorter. Tiene Esperanza Espalding muchos años por delante, talento y una buena posición dentro del tinglado, para poder disfrutar de su música muchos años. La orientación que lleve su carrera hará que esas buenas maneras que ahora se vislumbran cuajen o no.
La fiesta nos la trajo en la segunda parte del programa el pianista Randy Weston. Su fusión del Jazz con la música africana viene de largo, y se nota. Junto a TK Blue al saxo alto y Benny Powell al trombón, y con la arrolladora base rítmica del percusionista Neil Clarke y el contrabajista Alex Blake (impresionantes ambos) nos ofrecieron un concierto lleno de colores y matices, desbordante y reposado a la vez. Ante el torrente de notas de TK Blue y la locomotora rítmica, Weston optaba por la contención en el fraseo, en un contrapunto preciso y precioso, equilibrando fuerzas. Así fue despachando el quinteto su repertorio (“Blue Moses”, “African Sunrise”, composición dedicada a Dizzy Gillespie, “The Healers”, “African Cookbook”, entre otras), intercalando de cuando en cuando las intervenciones de The Master Gnawa Musicians of Morocco, con sus bailes, ritmos y voces del desierto. La fiesta final, con los músicos tocando y bailando entre el público, nos despidió de la Trini con una sonrisa en los labios.

Viernes 24 de Julio
Los (buenos) músicos no tienen edad, y ejemplos de carreras forjadas a lo largo de los años hay muchos. Uno de ellos es el caso del pianista Hank Jones, que en este Jazzaldia hemos tenido ocasión de ver en dos ocasiones, la primera en trío (que es la que nos ocupa ahora), junto a George Mraz (contrabajo) y Willie Jones III. Con “Blue Minor” abrieron el concierto, y con él la masterclass de swing elegante y delicado que nos brindaron. “Recorda me”, “Lament”, “Stella by Starlight”, “Round Midnight” o “Au Privave” fueron algunos de los standards que interpretaron con maestría, sin estridencias ni experimentos extraños. Además de Jones, sensacional, a destacar el excelente hacer de George Mraz, impecable en el acompañamiento y fantástico en sus solos. Hasta tres bises nos regaló Jones, agradecido por el calor del público, que le despidió puesto en pie, en un sincero gesto de respeto y admiración.
Los conciertos de Lovano nunca me defraudan, así que iba entusiasmado a la Trini, para verlo con su formación Us Five. James Weidman al piano, Esperanza Spalding al contrabajo y la dupla Francisco Mela y Otis Brown a las baterías, acompañan a Lovano en esta aventura, que comenzaron de forma arrolladora con el tema “Us Five”. El juego de dos baterías (Brown más en la faceta clásica y Mela en un papel más de percusionista), junto con los pedales rítmicos de Spalding (aquí si que nos dio una buena muestra de su valor como contrabajista) es un excelente soporte para que Lovano muestre su discurso, entre el hard bop y el jazz más contemporáneo, ágil con el tenor, además de imaginativo y enérgico. También empleó el tarogato y el aulochrome, lo que le permitió jugar con el timbre en los distintos temas que se fueron sucediendo a lo largo de poco más de una hora (“Power House”, “Folk Art”, “Song for Judi”, o su ya clásico “Viva Caruso”) El concierto acababa y todos queríamos más, pero este año parece que los horarios mandan, y la posibilidad de un bis se vio truncada por la irrupción de la megafonía apenas los músicos habían abandonado el escenario. Segundo excelente concierto del día.
Roy Haynes había recibido unas horas antes el premio Donostiako Jazzaldia, y se subía al escenario de la Trini a demostrarnos que sigue en plena forma. La ausencia a última hora de Danilo Pérez fue suplida por Dave Kikoski, que junto al contrabajista John Patitucci completó el trío. No se como funcionaba el trío con Danilo, pero desde luego Kikoski se encuentra en plena forma, y estuvo sensacional a lo largo de toda la noche. Con el monkiano “Trinkle tinkle” comenzaron el concierto, y ya se veía que la cosa tenía muy buena pinta. Haynes tocando con su energía característica (excesiva algunas veces, para mi gusto), y Patitucci con un swing tremendo eran el complemento perfecto para un Kikoski contundente en unas ocasiones, y delicado e íntimo en otras (deliciosa su interpretación de “My One and Only Love”) Como ya es habitual, Patitucci tuvo su momento para interpretar a contrabajo solo su excelente “Peace Prayer”, mientras algunos reporteros, por desgracia, íbamos mirando el reloj, pues los conciertos se solapaban y había que ir pensando en desplazarse a otro escenario. Así que nos perdimos el final de la actuación, pero llevábamos un tres de tres, y la cosa parecía que no iba a quedarse ahí.
A toda prisa, y con el tiempo justo, llegamos al último concierto del día: actuaba en el teatro Victoria Eugenia Carla Bley al frente de su big band. Con “On the stages in cages” abrieron el concierto, y el público llenó de aplausos el Teatro. ”Esperen un poco, que aún no hemos hecho más que empezar”, respondió Bley, y ciertamente tenía razón. Con su suite en tres partes “Gates”, “One Way”, “Tijuana Traffic” y el resto de su repertorio, nos mostró su particular forma de entender una big band, con unos arreglos excelentes, y una versatilidad de estilos que daba dinamismo al concierto. El trabajo de los músicos que la acompañaban estuvo a la altura, y, a pesar del cansancio acumulado a lo largo del día, pude disfrutar del concierto, aunque hubiera deseado estar más fresco. Con Carla Bley cerrábamos el día, sin duda alguna, el más jazzístico de todo el festival.

Sábado 25 de Julio
De nuevo Hank Jones en el Kursaal, esta vez con Joe Lovano, y de nuevo otro concierto para disfrutar y recordar. Un dúo de piano y saxo se puede hacer pesado y monótono, pero si los músicos que lo forman son de primer nivel, el resultado puede ser delicioso, y este fue el caso. El diálogo y la interacción entre ambos músicos fluyó con naturalidad, y a medida que los temas se iban sucediendo (pudimos oír, entre otros, “Alone Together”, “Lady Luck”, “Ornithology”, “Monk’s Mood”) íbamos descubriendo matices y sorpresas sobre temas cientos de veces escuchados. Con estos dos días, Hank Jones ha dejado claro que sigue en plena forma y tiene cuerda para más. Y nosotros que lo veamos.
El saxofonista Perico Sambeat tenía la oportunidad de presentar en la Trini su Flamenco Big Band, y supo aprovechar la ocasión. Desde “Cauce”, su tema inicial, dejó clara su idea de la fusión del Jazz y el flamenco, y el resultado del maridaje entre ambos géneros fue en este caso fantástico. Bulerías, soleás, tanguillos o guajiras llevadas al lenguaje jazzístico con criterio, con muy buenos arreglos que permitían fundir y fluir entre ambos géneros a los músicos que acompañaban a Sambeat, que también supo acomodar los acompañamientos en los solos en función de las querencias del músico solista. En su faceta interpretativa, Perico se mueve con maestría en ambas orillas, y tanto al alto como a la flauta, su discurso es imaginativo y de alto nivel.
La puñalada trapera del festival nos la dio Abdullah Ibrahim. Tenía dos opciones: asistir al concierto, o esperar una hora y entrar al teatro para hacer unas fotografías. Me decanté por esto último y, cuando con puntualidad británica nos presentamos en la puerta del Victoria Eugenia, la organización nos comunicó que el músico había cambiado de parecer y que de fotos nada. Otra más, en este verano tan azaroso para los fotógrafos de Jazz.

Domingo 26 de Julio
La buena noticia de este último día de festival era la recuperación de un espacio como el Chillida-Leku para el Jazzaldia. Concierto al mediodía y en un precioso entorno para disfrutar de la música. El contrabajista Arild Andersen se presentaba en trío junto a Tommy Smith (saxo tenor) y Paolo Vinaccia, y nos brindó un excelente concierto. Sonido ECM por los cuatro costados, pero no exento de personalidad propia.
La Trini echaba el telón este año con la actuación de Jaime Cullum, a la que antecedió la cantante Mélissa Laveaux, a la que le quedó grande el escenario y la ocasión. Cullum es un artista (así, con todas las letras), pero su música dista bastante de ser Jazz, aunque haga algún guiño al swing y cante algún tema de Cole Porter.
El último concierto de Jazz del estival corría a cargo del trío The Bad Plus. Dividieron su set en dos partes, la primera a trío en la que estuvieron a un gran nivel. Composiciones propias, adaptaciones de temas de música clásica, y versiones pop-rock conforman su repertorio, que interpretan con un estilo muy peculiar. La segunda parte me gustó menos, cuando se incorporó la vocalista Wendy Lewisek y el concierto a partir de ahí se me hizo pesado y monótono. Me quedo con el primer tramo, y las ganas de volver a ver al trío en mejores condiciones, porque los días ya pasaban su factura.
Y hasta aquí el festival de este año, o mejor dicho, mi selección del festival, ya que en este mare mágnum de actuaciones y estilos, cada uno se crea su propio recorrido. Quizás haya que empezar a ver Jazzaldia como varios festivales distintos concentrados en las mismas fechas. El problema es valorar si están juntos o revueltos, pero eso es otra historia.




Randy Weston



 
Roy Haynes


 
Perico Sambeat
 

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