[Murcia]
19 h. Centro Cultural Las Claras. Murcia. Conferencia de Lucien Clergue: “Picasso: guerra, amor y paz”
20,30 h. Galería La Aurora. Murcia. Inauguración de la exposición “Picasso, animal pictórico”, de Lucien Clergue. ACTIVIDADES PARA EL MIÉRCOLES 10 DE ENERO DE 2007
19 h. Centro Cultural Las Claras. Murcia. Conferencia de Lucien Clergue: “Picasso: guerra, amor y paz”
20,30 h. Galería La Aurora. Murcia. Inauguración de la exposición “Picasso, animal pictórico”, de Lucien Clergue. Sección galerías. De martes a viernes, de 10 a 13,30 y de 17 a 21 h. Sábados, de 10 a 13,30 y de 18,30 a 21 h. Lunes, de 18,30 a 21 horas. Domingos y lunes por la mañana, cerrado
El autor
Lucien Clergue
(Arles, Francia, 1934). Reconocido fotógrafo de fama internacional, descubrió el poder de la cámara en su adolescencia difícil. Presenció la destrucción de su casa familiar por las bombas de la segunda guerra mundial y sufrió la prolongada enfermedad y muerte de su madre. Desarrolló gran parte de su carrera tomando imágenes que representan la pérdida, la enfermedad, la muerte y la decadencia. Sus obras más conocidas son torsos desnudos femeninos desde mediados de los 50 y hasta los 70, así como imágenes de corridas de toros en Arles, donde conoció a Picasso, que apoyó su obra más temprana. Se relacionó también con Jean Cocteau, Max Ernst, Paul Éluard, Saint John Perse y Roland Barthes. Desarrolló su obra más tardía como abstracciones orgánicas de arena. Su obra está muy influida por la mitología, la aventura y lo que él llama “la mentalidad del hombre mediterráneo”. En 1969 fundó los Recontres Internationales de la Photographie en Arles, uno de los mejores festivales del mundo. En 1957 publica su primer libro de fotografías, Corps mémorable, a los que seguirían Naissance d’Aphrodite, La Camargue, Langage des sables, Visions sur le nu, Lucien Clergue, Eros and Thanatos, Nimeño II, Torero de France, Picasso, mon ami, Passion-Passions, Le taureau, ... hasta 75 publicaciones, que reúnen lo mejor de sus 800.000 fotos. En 2003 fue nombrado Caballero de la Legión de Honor de Francia y acaba de ser elegido miembro de la Academia de Bellas Artes de su país natal junto a Yann Arthus-Bertrand, quienes integran la recién creada sección de fotografía.
La exposición
Prohibido hablar con el piloto
Gracias a sus primeras fotografías, Lucien Clergue se apoderó de la apariencia de Picasso y estableció un nexo entre ellos. Nada más llegar a la villa La Californie, situada en las alturas de Cannes, surgió la cuestión que más nos preocupaba en aquella época y que me perseguiría a intervalos regulares: "Hay alguien a nuestras espaldas, sí, justo detrás de nosotros, que pretende impedir que trabajemos. Se cree capaz de juzgar nuestro trabajo y nada le parece digno de consideración. Debemos quitárnoslo de encima. Yo me he acostumbrado y lo utilizo como ruido de fondo, apenas me molesta. Y tú, ¿cómo te las has arreglado para que te deje la libertad de escribir?”.
A través de las ventanas de La Californie, un bosque de palmeras dominaba su leonera. La amplia habitación donde estaba instalado con su desorden familiar se despojaba de su esplendor oriental.
Desde un interior digno de un palacio morisco, donde conjuraba al fantasma de Matisse y se consagraba a la visión de su rival favorito, sus pinceles le transportaban a El Greco o Zurbarán, hasta la celda tapizada de las sábanas mortuorias de un monasterio. Ahí conseguía sentirse español y amar la tristeza, como en El Escorial y en Yuste, cuando Carlos V ensayaba su propio funeral y disimulaba las molestias y el maleficio de la edad con la pompa de la solemnidad.
¿Sigue siendo receptivo a la crítica, dependiendo de las opiniones de los que le rodean? “Se dicen muchas cosas de los cuadros, pero a mí eso no me interesa. Los comentarios arrecian. Deberías aprender a dejarlos correr. Por lo menos, en lo que a mí respecta. Pero también por ti mismo; te sentirás mejor”.
Había olvidado ya el Prohibido hablar con el piloto de su juventud, que tomó prestado a un cartel de una golondrina del Sena. Cité la frase que pronunció el torero Antonio Ordóñez en la plaza de Arles, dirigiéndose a uno de sus ayudantes, que le advertía de que el toro era difícil: "Cállate y mira". Su dureza se esfumó.
“El mérito de las escuelas de Bellas Artes, ya sea en La Coruña, en La Lonja de Barcelona o en la Academia de San Fernando de Madrid, estriba en enseñar en un tiempo récord todo aquello que ya no hará falta saber para pintar". Antaño, en el Bateau-Lavoir, el círculo de amigos cercanos a quienes creía haber conquistado se erigió en tribunal, mientras Les Demoiselles d’Avignon brotaban del dédalo erótico del barrio chino barcelonés. “Tal vez logremos asquear a todo el mundo, y no lo hemos dicho todo".
En París, durante el Salón de Otoño de 1944, demasiados visitantes llegaban con una Liberación de retraso. Picasso no les ayudaba en absoluto a construir una buena conciencia común. La molestia de sus distorsiones trastornaba cualquier comodidad visual. ¿Cómo olvidar a verdugos y mártires, esa raza excepcional, desagradable para la mayoría, ante semejantes sevicias? Añoraban la pintura que no reflejaba ninguna realidad.
Ya en mayo de 1937, una visitante de la Exposición Internacional de París dio testimonio del extraordinario poder del Guernica: "Es como si me cortaran a pedazos". Para Picasso, que ha roto con el estilo épico, se trata del reconocimiento de su pintura, convertida en campo de batalla, donde sólo la destrucción persiste y prohíbe conmemorar cualquier victoria. Si prende un largo trozo de papel higiénico en la mano de la mujer aterrorizada, no cabe duda del efecto más inmediato del miedo.
“... y prosiguió su camino, sin llevar otro que aquél que su caballo quería, creyendo que en aquello consistía la fuerza de las aventuras”. Así avanzaba el Quijote de Cervantes. Así avanza Picasso. “La pintura me lleva a hacer lo que ella quiere”. La frase de Cervantes que marca el deambular de don Quijote fue el leitmotiv de la película de Lucien Clergue Picasso, guerra, amor y paz, que se estrenó en televisión con la voz de Yves Montand con ocasión del nonagésimo cumpleaños del artista.
“Ningún Dios era omnipotente si no se le echaba una mano. Esa mano son las imágenes de Clergue; ¡ojalá que ese hombre, ahí arriba, pueda reconocer su cuaderno de dibujo de inmediato! Sería suficiente para reconciliar al Creador con el mundo”. El ojo de Picasso nos obligaba a vislumbrar a Renoir en la serie Nus de la mer. La riqueza de las telas de Velázquez envolvía el halo de los cuerpos con encajes de espuma. Se peleaba con Las Meninas y ya las hacía suyas por asociación de ideas plásticas para recrearlas.

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