[Música]
Sonny Rollins ha escrito con las notas de su saxofón grandes páginas de la historia del Jazz. Iván San Miguel y Fernando Cerecedo nos cuentan su paso por el Festival de Jazz de Vitoria, un concierto en el que una leyenda viva como este músico sabe brillar con luz propia.
Concierto de Sonny Rollins en el Festival de Jazz de Vitoria 2006
Sábado 15 de julio. 21 h. Polideportivo Mendizorrotza.
Un artículo de Iván San Miguel y Fernando Cerecedo.
Con su sola aparición en el escenario seguro que muchos, como el que escribe, nos emocionamos al ver tanta historia junta, tantas historias personalizadas, tantas páginas del jazz escritas… más bien diría casi todas. No en vano, Sonny Rollins lleva sesenta años de actividad musical y muchas épocas de las que hablamos no serían las mismas sin él.
Aun con obvias secuelas de la edad, la sorpresa para muchos fue el buen estado sobre todo de energía en el que se vio al anciano de setenta y seis años. Vitoria siempre programa dobles conciertos en Mendizorrotza, pero en esta ocasión solo estaba Rollins, y en efecto realizó un programa doble de dos pases que superó las tres horas.
Aunque ciertamente desaprovechado con una sonorización un poco flaca, el público pudo disfrutar de su potente sonido de saxo tenor. Sobre todo en la primera parte, Rollins exhibió un fraseo más moderno, mucho más desarrollado, con más influencia free y más alejado de la tonalidad. Quizás se oían ecos de Wayne Shorter, de Joe Henderson, o incluso de Lovano. Sin embargo, al finalizar su segundo pase con el último tema, un calipso que ya había tocado en la primera parte del concierto, y con el bis, su conocido blues en si bemol “Tenor Madness”, se acercó a ese fraseo que le hizo ser, allá a mediados de los años cincuenta (cuando se sabía el mejor y confiaba en sí mismo), el saxofonista más fresco de la historia, con un fraseo juguetón, bailarín, sinuoso y desentendido.
A pesar de todo, muchos estábamos obnubilados con lo que estábamos viendo, casi sesenta años después de sus primeras grabaciones. A medida que llegaba el final uno retenía cada nota como si fuera la última que le fuera a escuchar y creo no equivocarme si afirmo que él tocaba sus frases como si supiera que eran las últimas que ese público fuera a escucharle. La coda del calipso fue esplendorosa y pareció tocarla como si se despidiera de nosotros para siempre, saludándonos con sus frases a la izquierda, a la derecha y al frente. Es como se despide un coloso de la música, de manera humilde, alegre, jubilosa, sin palabras, haciendo ver al público que si su carrera acaba ahí quiere que se le recuerde por ser simplemente un músico, y nada más.
| Fernando Cerecedo es, además de un excelente guitarrista de jazz, un reputado fotógrafo y redactor, que plasma en cada una de sus imágenes la esencia de la música. Como colaborador de Qatro.net, ha escrito y fotografíado en los últimos tiempos sobre los mejores festivales de Jazz de este país. Podéis disfrutar con una muestra de su trabajo como fotógrafo en la JazzSeries |







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