Dos
han sido los protagonistas de la edición de este año: en el lado
positivo (aunque con matices, como ya comentaré) la incorporación
del Museo de San Telmo como espacio de conciertos; en el lado
negativo, la lluvia que se dejó notar todos los días de festival.
Resumiendo el día a día, así viví este año el Jazzaldia.
Jueves
21 de Julio
La
Jazz Band Ball de este año tenía preparado uno de esos arranques
espectaculares, que suele marcar el festival, al menos desde el punto
de vista mediático: la presencia de una estrella como B. B. King
hace que medios generalistas se fijen en el festival, y que desde el
primer día se viva Jazzaldia con gran intensidad. A pesar de la
lluvia caída a lo largo del día, el concierto había congregado a
un numeroso número de espectadores en la playa de la Zurriola (41000
según la organización) y, tras unos 20 minutos de “calentamiento”
por parte de la banda, B. B. King salió al escenario.
Lamentablemente, los años no pasan en balde (aunque algunos lo
lleven muy bien, como ya comentaré más adelante) y si bien a nivel
vocal sigue siendo reconocible, en lo que a la guitarra se refiere no
es ni una sombra de lo que fue. No es la primera vez que me voy de un
concierto con una sensación de tristeza ante un “ídolo caído”,
pero no deja de causar una cierta “rabia” esta sensación. Tras
una larga y exigente carrera musical (en sus buenas épocas, B. B.
King era, de largo, el artista que más actuaciones daba por año)
plagada de éxitos, una retirada a tiempo es una excelente manera de
pasar página y dedicarse a descansar y disfrutar de la vida.
Al
margen de la actuación del bluesman, destacar también en este
primer día la presencia de las formaciones noruegas Elephant9 y
Eivind Aarset Sonix Codex Quartet (este año
había una importante representación de formaciones del país
nórdico) y de la Tucson Jazz Institute Ellington Band, que dejó
claro que juventud y desparpajo no están reñidos.
Viernes
22 de Julio
Primera
jornada de Trini, con
jazz de muchos quilates. Habría fuego “Jazz For 3”, el último
proyecto del trompetista Dave Douglas, que para esta ocasión se hace
acompañar de dos compañeros de metal, el veterano Enrico Rava y el
joven Avishai Cohen. Además de los tres trompetistas, la sección
rítmica formada por la contrabajista Linda Oh, el baterista Clarence
Penn y el genial Uri Caine al piano. Douglas es un excelente
trompetista, pero además tiene ese don de convertir en genial
aquello que hace. En esta ocasión el resultado fue un concierto
divertido e imaginativo, con tres trompetistas dándose continuas
réplicas sin llegar a hartar al espectador con tanto soplo, y son el
clásico “Tea For Two” rondando toda la noche, no sólo en el
nombre de la formación, sino también en los temas, con repetidas
incursiones en su melodía. Este tipo de conciertos “de
instrumento” pueden caer fácilmente en un espectáculo más
circense que musical, en este caso, nada más alejado de la realidad.
Para mi gusto, uno de los grandes conciertos de este año.
En la
segunda parte del programa le tocaba el turno a Abdullah Ibrahim &
Ekaya, repitiendo así el pianista la formación con la que visitó
por última vez el festival. El concierto fue agradable, y por
momentos de gran intensidad, pero de la libertad que habíamos vivido
unos minutos antes pasamos a una excesiva rigidez, que no me terminó
de gustar. Que un músico de esta categoría tenga marcado, antes de
empezar su solo, cuantas rondas va a tener que hacer por indicación
del “jefe”, no me parece lo más adecuado para despertar la
creatividad y la genialidad.
Tras
la doble sesión de la Trini, nos dirigimos al Museo de San Telmo,
nuevo espacio de conciertos del Jazzaldia. El lugar es un magnífico
espacio para la realización de conciertos, y además su proximidad
con la Plaza de la Trinidad da una cierta continuidad a la
programación del día. También, como es normal por otra parte, creo
que es necesario ir ajustando detalles que en esta ocasión se les
pasaron por alto a la organización y que fueron corrigiendo sobre la
marcha. También me parece importante seleccionar adecuadamente que
tipo de conciertos se programan allí, y por último, suprimir el
salón de actos como espacio de conciertos. Allí estuve viendo un
buen rato a Mostly Other People Do The
Killing (MOPDtK
para los amigos) y no fue la experiencia musical más grata de mi
vida.
Sábado
23 de Julio
Comenzaba
la jornada en el Kursaal con el concierto de Return to Forever. Nunca
he sido un entusiasta de este tipo de jazz, y, en el poco rato que
vi, quizás lo más destacado fue el buen estado de forma de Jean Luc
Ponty (aparte de la delgadez de Corea)
Ya en
la Trini, otro “viejo rockero”, John McLaughlin venía con su
nuevo proyecto, 4th Dimension Band, y con grabación bajo el brazo,
To the One. Se
acordó el guitarrista de la última vez que estuvo en este mismo
lugar, tocando bajo una tormenta con aparato eléctrico digna de
recordar. Tampoco en este caso la lluvia abandonó a McLaughlin,
pero no estropeó un estupendo concierto por su parte y el resto de
la banda (Gary Husband
teclados y batería, Ranjit Barot
batería, Etienne Mbappé
bajo).
Medeski,
Martin y Wood (MMW) regresaban de nuevo a Donosti y con un buen
motivo: su 20 aniversario. Lo incomprensible para mí fue que para la
ocasión se hicieran acompañar por Bill Evans y Randy Brecker, que
en vez de sumar, deslucieron el concierto. El trío funciona de una
forma espectacular (además del buen hacer de los tres músicos, los
años juntos también ayudan) pero las intervenciones de sus dos
invitados encorsetaban en exceso el funcionamiento de la banda,
además de aportar musicalmente poco al resultado final. Una lástima.
Acabábamos
el día de nuevo en San Telmo, para escuchar a otro guitarrista, John
Scofield. Como siempre, el de Ohio estuvo fantástico, y más si se
hace acompañar por el batería que, bajo mi punto de vista, mejor le
va a su particular forma de tocar, Bill Stewart. El que ya no me
casaba tanto en el estilo de Scofield fue Mulgrew
Miller, que estuvo correcto sin más, y cerraba el cuarteto el
contrabajo de Scott Colley. La banda estuvo bien, la calidad del
sonido creo que no estuvo a la altura ni del festival ni de los
artistas, y pienso que es necesario mejorar este aspecto cara a
futuras ediciones en San Telmo. El espacio es muy bonito y está muy
bien ubicado, pero al fin y al cabo lo que debe primar es la música.
Domingo
24 de Julio
El
Kursaal recibía el domingo a Hiromi, una de las sensaciones del
pasado jazzaldia. La pianista japonesa se había ganado al público
con su simpatía y buen hacer como integrante de la banda de Stanley
Clark, y este año la tocaba liderar su propio proyecto, un trío
junto al bajista Anthony Jackson y el baterista Simon Phillips. Desde
el primer momento el público se mostró entusiasmado con la
pianista, y casi todo el mundo salió encantado por lo allí oído. A
mí el concierto me resultó demasiado plano (rítmicamente y en
cuanto a propuestas solistas), incluso largo al final. Reconozco que
Hiromi es una pianista resultona, y que la energía que transmite al
público es un punto a su favor, pero creo que hay que ofrecer algo
más (versatilidad, originalidad, sensibilidad…) y en este caso
eché de menos esos otros aspectos. Veremos hacia donde se dirige su
carrera.
Avanza
el festival y la lluvia se hace más presente (y molesta) cada día
que pasa. A pesar de todo, la sesión del sábado de la Trini resultó
excelente en sus dos propuestas. Comenzaba el contrabajista Avishai
Cohen (¿qué poco originales son los jazzeros israelitas con sus
nombres, no?) que se presentaba a trío acompañado por el joven
pianista Omri Mor y el todavía más joven baterista Amir Bresler.
Venía Cohen con su último disco, Seven
Seas, debajo del brazo, y además de su
talento con el contrabajo, nos dejó muestras de su capacidad vocal,
sobre todo con una buena versión de “Alfonsina y el Mar” de voz
y contrabajo. Tal vez lo que hace Avishai Cohen en este disco sea más
¿música de raíz? que jazz, pero el resultado está muy bien.
Cassandra
Wilson siempre está bien en sus conciertos, pero éste ha sido el
que más me ha gustado de todos los que la he visto (y unos cuantos
colegas coincidíamos en esta apreciación) Jazz, blues, pop, bossa,
swing del más clásico… no dejó palo por tocar y en todos estuvo
fantástica (hasta se atrevió a colgarse la guitarra para
interpretar “Red Guitar”) A mí me gustó especialmente en
“Harvest Moon” y en “St James Infirmary”, pero esto ya es
algo muy subjetivo. Otro gran acierto de la Wilson ha sido rodearse
de una excelente banda, en la que destacaron sobre el resto el
guitarrista Martin Sewell (que creo que además es el director
artístico del cotarro) y el armonicista Gregoire Maret, que supo
sacarle un gran partido a sus intervenciones. Otro de esos grandes
conciertos de la Trini para el recuerdo.
Lunes
25 de Junio.
El
protagonista del día due, sin lugar a dudas, el armonicista Toots
Thielemans, que a sus 89 años, recibía el premio “Donostiako
Jazzaldia” del esta edición. Ya en la rueda de prensa de la
mañana, durante la recepción del premio, estuvo inmenso contando un
montón de anécdotas de su dilatada y exitosa carrera, y por la
tarde durante el concierto demostró que a pesar de sus años, sigue
teniendo cosas que decir: en un recital amable, y plagado de
standards (entre ellos, naturalmente, su célebre Bluesette)
El fin
de fiesta en la Trini se vio excesivamente castigado por la lluvia
(las actuaciones en las terrazas del Kursaal ya habían sido
suspendidas) pero a pesar de todo, Cindy Lauper y Mavis Staples
supieron mantener el tipo bajo los plásticos.
Y
llegó al final la que dicen los más veteranos ha sido la edición
más pasada por agua de la historia. A pesar de todo, y según las
cifras de la organización, el público ha acudido en buen número a
las distintas citas programadas, así que sólo me resta felicitar a
los responsables por superar con buena nota unas condiciones tan poco
favorables. Hasta el año que viene.



No hay comentarios:
Publicar un comentario