46º Festival de Jazz de San Sebastián 2011





46º Festival de Jazz de San Sebastián

Dos han sido los protagonistas de la edición de este año: en el lado positivo (aunque con matices, como ya comentaré) la incorporación del Museo de San Telmo como espacio de conciertos; en el lado negativo, la lluvia que se dejó notar todos los días de festival. Resumiendo el día a día, así viví este año el Jazzaldia.

Jueves 21 de Julio
La Jazz Band Ball de este año tenía preparado uno de esos arranques espectaculares, que suele marcar el festival, al menos desde el punto de vista mediático: la presencia de una estrella como B. B. King hace que medios generalistas se fijen en el festival, y que desde el primer día se viva Jazzaldia con gran intensidad. A pesar de la lluvia caída a lo largo del día, el concierto había congregado a un numeroso número de espectadores en la playa de la Zurriola (41000 según la organización) y, tras unos 20 minutos de “calentamiento” por parte de la banda, B. B. King salió al escenario. Lamentablemente, los años no pasan en balde (aunque algunos lo lleven muy bien, como ya comentaré más adelante) y si bien a nivel vocal sigue siendo reconocible, en lo que a la guitarra se refiere no es ni una sombra de lo que fue. No es la primera vez que me voy de un concierto con una sensación de tristeza ante un “ídolo caído”, pero no deja de causar una cierta “rabia” esta sensación. Tras una larga y exigente carrera musical (en sus buenas épocas, B. B. King era, de largo, el artista que más actuaciones daba por año) plagada de éxitos, una retirada a tiempo es una excelente manera de pasar página y dedicarse a descansar y disfrutar de la vida.

Al margen de la actuación del bluesman, destacar también en este primer día la presencia de las formaciones noruegas Elephant9 y Eivind Aarset Sonix Codex Quartet (este año había una importante representación de formaciones del país nórdico) y de la Tucson Jazz Institute Ellington Band, que dejó claro que juventud y desparpajo no están reñidos.


Viernes 22 de Julio
Primera jornada de Trini, con jazz de muchos quilates. Habría fuego “Jazz For 3”, el último proyecto del trompetista Dave Douglas, que para esta ocasión se hace acompañar de dos compañeros de metal, el veterano Enrico Rava y el joven Avishai Cohen. Además de los tres trompetistas, la sección rítmica formada por la contrabajista Linda Oh, el baterista Clarence Penn y el genial Uri Caine al piano. Douglas es un excelente trompetista, pero además tiene ese don de convertir en genial aquello que hace. En esta ocasión el resultado fue un concierto divertido e imaginativo, con tres trompetistas dándose continuas réplicas sin llegar a hartar al espectador con tanto soplo, y son el clásico “Tea For Two” rondando toda la noche, no sólo en el nombre de la formación, sino también en los temas, con repetidas incursiones en su melodía. Este tipo de conciertos “de instrumento” pueden caer fácilmente en un espectáculo más circense que musical, en este caso, nada más alejado de la realidad. Para mi gusto, uno de los grandes conciertos de este año.

En la segunda parte del programa le tocaba el turno a Abdullah Ibrahim & Ekaya, repitiendo así el pianista la formación con la que visitó por última vez el festival. El concierto fue agradable, y por momentos de gran intensidad, pero de la libertad que habíamos vivido unos minutos antes pasamos a una excesiva rigidez, que no me terminó de gustar. Que un músico de esta categoría tenga marcado, antes de empezar su solo, cuantas rondas va a tener que hacer por indicación del “jefe”, no me parece lo más adecuado para despertar la creatividad y la genialidad.

Tras la doble sesión de la Trini, nos dirigimos al Museo de San Telmo, nuevo espacio de conciertos del Jazzaldia. El lugar es un magnífico espacio para la realización de conciertos, y además su proximidad con la Plaza de la Trinidad da una cierta continuidad a la programación del día. También, como es normal por otra parte, creo que es necesario ir ajustando detalles que en esta ocasión se les pasaron por alto a la organización y que fueron corrigiendo sobre la marcha. También me parece importante seleccionar adecuadamente que tipo de conciertos se programan allí, y por último, suprimir el salón de actos como espacio de conciertos. Allí estuve viendo un buen rato a Mostly Other People Do The Killing (MOPDtK para los amigos) y no fue la experiencia musical más grata de mi vida.

Sábado 23 de Julio
Comenzaba la jornada en el Kursaal con el concierto de Return to Forever. Nunca he sido un entusiasta de este tipo de jazz, y, en el poco rato que vi, quizás lo más destacado fue el buen estado de forma de Jean Luc Ponty (aparte de la delgadez de Corea)

Ya en la Trini, otro “viejo rockero”, John McLaughlin venía con su nuevo proyecto, 4th Dimension Band, y con grabación bajo el brazo, To the One. Se acordó el guitarrista de la última vez que estuvo en este mismo lugar, tocando bajo una tormenta con aparato eléctrico digna de recordar. Tampoco en este caso la lluvia abandonó a McLaughlin, pero no estropeó un estupendo concierto por su parte y el resto de la banda (Gary Husband teclados y batería, Ranjit Barot batería, Etienne Mbappé bajo).

Medeski, Martin y Wood (MMW) regresaban de nuevo a Donosti y con un buen motivo: su 20 aniversario. Lo incomprensible para mí fue que para la ocasión se hicieran acompañar por Bill Evans y Randy Brecker, que en vez de sumar, deslucieron el concierto. El trío funciona de una forma espectacular (además del buen hacer de los tres músicos, los años juntos también ayudan) pero las intervenciones de sus dos invitados encorsetaban en exceso el funcionamiento de la banda, además de aportar musicalmente poco al resultado final. Una lástima.
Acabábamos el día de nuevo en San Telmo, para escuchar a otro guitarrista, John Scofield. Como siempre, el de Ohio estuvo fantástico, y más si se hace acompañar por el batería que, bajo mi punto de vista, mejor le va a su particular forma de tocar, Bill Stewart. El que ya no me casaba tanto en el estilo de Scofield fue Mulgrew Miller, que estuvo correcto sin más, y cerraba el cuarteto el contrabajo de Scott Colley. La banda estuvo bien, la calidad del sonido creo que no estuvo a la altura ni del festival ni de los artistas, y pienso que es necesario mejorar este aspecto cara a futuras ediciones en San Telmo. El espacio es muy bonito y está muy bien ubicado, pero al fin y al cabo lo que debe primar es la música.

Domingo 24 de Julio
El Kursaal recibía el domingo a Hiromi, una de las sensaciones del pasado jazzaldia. La pianista japonesa se había ganado al público con su simpatía y buen hacer como integrante de la banda de Stanley Clark, y este año la tocaba liderar su propio proyecto, un trío junto al bajista Anthony Jackson y el baterista Simon Phillips. Desde el primer momento el público se mostró entusiasmado con la pianista, y casi todo el mundo salió encantado por lo allí oído. A mí el concierto me resultó demasiado plano (rítmicamente y en cuanto a propuestas solistas), incluso largo al final. Reconozco que Hiromi es una pianista resultona, y que la energía que transmite al público es un punto a su favor, pero creo que hay que ofrecer algo más (versatilidad, originalidad, sensibilidad…) y en este caso eché de menos esos otros aspectos. Veremos hacia donde se dirige su carrera.

Avanza el festival y la lluvia se hace más presente (y molesta) cada día que pasa. A pesar de todo, la sesión del sábado de la Trini resultó excelente en sus dos propuestas. Comenzaba el contrabajista Avishai Cohen (¿qué poco originales son los jazzeros israelitas con sus nombres, no?) que se presentaba a trío acompañado por el joven pianista Omri Mor y el todavía más joven baterista Amir Bresler. Venía Cohen con su último disco, Seven Seas, debajo del brazo, y además de su talento con el contrabajo, nos dejó muestras de su capacidad vocal, sobre todo con una buena versión de “Alfonsina y el Mar” de voz y contrabajo. Tal vez lo que hace Avishai Cohen en este disco sea más ¿música de raíz? que jazz, pero el resultado está muy bien.

Cassandra Wilson siempre está bien en sus conciertos, pero éste ha sido el que más me ha gustado de todos los que la he visto (y unos cuantos colegas coincidíamos en esta apreciación) Jazz, blues, pop, bossa, swing del más clásico… no dejó palo por tocar y en todos estuvo fantástica (hasta se atrevió a colgarse la guitarra para interpretar “Red Guitar”) A mí me gustó especialmente en “Harvest Moon” y en “St James Infirmary”, pero esto ya es algo muy subjetivo. Otro gran acierto de la Wilson ha sido rodearse de una excelente banda, en la que destacaron sobre el resto el guitarrista Martin Sewell (que creo que además es el director artístico del cotarro) y el armonicista Gregoire Maret, que supo sacarle un gran partido a sus intervenciones. Otro de esos grandes conciertos de la Trini para el recuerdo.

Lunes 25 de Junio.
El protagonista del día due, sin lugar a dudas, el armonicista Toots Thielemans, que a sus 89 años, recibía el premio “Donostiako Jazzaldia” del esta edición. Ya en la rueda de prensa de la mañana, durante la recepción del premio, estuvo inmenso contando un montón de anécdotas de su dilatada y exitosa carrera, y por la tarde durante el concierto demostró que a pesar de sus años, sigue teniendo cosas que decir: en un recital amable, y plagado de standards (entre ellos, naturalmente, su célebre Bluesette)

El fin de fiesta en la Trini se vio excesivamente castigado por la lluvia (las actuaciones en las terrazas del Kursaal ya habían sido suspendidas) pero a pesar de todo, Cindy Lauper y Mavis Staples supieron mantener el tipo bajo los plásticos.

Y llegó al final la que dicen los más veteranos ha sido la edición más pasada por agua de la historia. A pesar de todo, y según las cifras de la organización, el público ha acudido en buen número a las distintas citas programadas, así que sólo me resta felicitar a los responsables por superar con buena nota unas condiciones tan poco favorables. Hasta el año que viene.

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